El daño de vapeo
Loa vapers se han convertido en una moda entre los adolescentes , incluso entre quienes no han probado nunca el tabaco. Daniel nos cuenta su experiencia de cómo empezó a vapear sin saber todo lo que le podía pasar.
Cuándo empezaste a vapear y qué te llevó a hacerlo siendo tan joven?
Empecé a vapear en sexto de primaria, más o menos en 2019 o 2020, cuando empezó el boom de los vapers. Todo el mundo lo usaba. Con la cuarentena lo dejé porque estábamos encerrados en casa todo el día y pensé que ahí se acabaría. Pero al empezar primero de la ESO fue cuando explotó todo. Los vendían en todas partes, los tenía todo el mundo y era muy fácil conseguirlos. Yo empecé comprándolos y poco a poco me fui enganchando. Al principio eran vapers muy distintos a los de ahora, con forma de botella, de mala calidad y que duraban poco, pero aun así todo el mundo los consumía. Tuve que dejar los entrenamientos porque no me encontraba bien. Fui al médico y me dijeron que podía estar relacionado con el vapeo. Me hicieron pruebas en el hospital y me diagnosticaron un edema pulmonar incipiente: uno de mis pulmones comenzaba a encharcarse. No era algo mortal, pero sí muy serio. Aun así seguí fumando hasta enero.
En ese momento, ¿cómo percibías el vapeo: como algo peligroso, inofensivo o normal entre tu entorno?
Lo veía algo normal, aunque sabías en el fondo que no era bueno. Siempre se ha dicho que el tabaco provoca cáncer, pero piensas que eso no te va a pasar a ti. Ves noticias de jóvenes ingresados y crees que son exageraciones. Hasta que te pasa. Además, conozco a amigas cercanas a las que no les ha ocurrido exactamente lo mismo, pero sí han desarrollado asma u otros problemas respiratorios.
¿Cuándo empezaste a notar que algo no iba bien en tu salud?
Lo noté cuando caminaba rápido o hacía cualquier ejercicio físico: me costaba muchísimo respirar. Por la noche tenía episodios de asfixia, algo parecido a la apnea. Solo podía dormir boca arriba porque de lado me faltaba el aire. También lo notaba en el día a día, incluso sentado o estudiando. Respirar se volvía como más difícil de lo normal. Además, desde que empecé a vapear, los resfriados eran horribles, tenía tos súper fuerte, sensación de ahogo y gripes que me dejaban fatal.
¿Cómo recuerdas el momento en que te diagnosticaron un edema pulmonar incipiente?
Pensé que me iba a morir. Me puse a llorar muchísimo. Nunca me había pasado algo serio. Luego me explicaron bien que no era mortal, pero que tenía que dejar de vapear y de fumar porque uno de mis pulmones estaba encharcado por eso. Recuerdo llorar y preguntarme por qué había hecho eso, porque siempre pensé que a mí no me pasaría nada. Fui al médico creyendo que sería asma y poco más, y que seguiría con mi rutina de vapear. Ese diagnóstico me hizo pensar, la verdad.
¿Qué fue lo que más te asustó al recibir el diagnóstico con solo 18 años?
Pensé que acabaría conectado a una máquina. Me dijeron que había tenido suerte por haber ido pronto al médico, porque hay gente que llega tarde y acaba dependiendo de respiradores. También me advirtieron de que, si seguía fumando, podía terminar así.
¿Cómo reaccionó tu familia?
Se quedaron sorprendidos y asustados. Mi madre nunca me dejó vapear, pero al final acabó resignándose con la idea de “mejor eso que el tabaco”. Cuando supieron lo que me había pasado, en casa desaparecieron todos los vapers. Ahora somos una casa completamente antitabaco, antihumo y anti todo.
¿Qué miedos te quedaron tras el diagnóstico?
Me da miedo que los vapers tengan metales pesados, algo que me explicaron en el hospital. Me dijeron que podría haber cosas que aún no se hayan detectado y que con el tiempo puedan aparecer problemas más graves, incluso un tumor o cáncer de pulmón. Ahora vivo con ese miedo: ir al médico por cualquier cosa y que me vuelvan a sorprender con un diagnóstico grave. Por una parte, ese miedo también me sirve para no volver a fumar.
¿Cambió tu forma de ver tu cuerpo y tu salud?
Totalmente. Ahora veo un vaper y me parece algo terrorífico, casi como una droga. Cuando me diagnosticaron el edema publiqué vídeos contándolo en redes sociales. Durante una semana se hizo viral y mucha gente utilizó mi audio para hacer bromas. Se convirtió en un meme. La verdad es que yo mismo, antes, hacía bromas cuando tosía o me asfixiaba, porque no sabía lo que me estaba pasando.
¿Cuántos vapers puede llegar a consumir un joven con adicción?
Yo llegué a consumir aproximadamente un vaper al día. La mayoría son de unas 700 caladas y cuestan unos siete u ocho euros— lo que correspondería a unos 35 cigarrillos al día—. Era una barbaridad, entre dinero y caladas. Tenía una rutina muy marcada: abría el vaper por la mañana y siempre se me acababa más o menos a la misma hora. Los fines de semana incluso llegaba a consumir uno entero en un solo día.
¿Crees que los jóvenes sois conscientes de los riesgos reales?
No, para nada. Hasta que a alguien cercano le pasa algo, no se toma en serio. El vapeo se ha normalizado muchísimo, incluso entre personas que nunca habían fumado tabaco, sobre todo de fiesta. En los institutos está completamente normalizado. Aunque esté prohibido, la gente fuma en los baños y hasta en clase. Los vapers son pequeños, no dejan casi humo y hay técnicas para ocultarlo, como no echar el humo. Y también creo que los sabores han sido un gran error, porque no te da la sensación de estar fumando algo peligroso.
i pudieras hablar con alguien de tu edad que vapea a diario, ¿qué le dirías?
Le diría que lo deje. Mi mejor amiga vapea y lo está dejando poco a poco, como yo. Me acompañó al médico y eso también le generó miedo. Pero es difícil, porque es una droga y mucha gente lo dice en broma, sin tomárselo en serio, y vuelve a caer.
¿Qué crees que tendría que cambiar para que otros jóvenes no pasen por lo mismo?
Todo. Está completamente normalizado, sobre todo en institutos. Los sabores hacen que no percibas el riesgo. Hay vapers de frutas exóticas, batidos, chocolate, vainilla… sabores que ni siquiera existen en la vida real. Eso engancha mucho. Debería haber campañas como las del tabaco, con advertencias claras y duras. Las cajas de los vapers son coloridas y bonitas, mientras que las de tabaco muestran imágenes fuertes. Además, hay muchísima publicidad en redes sociales, incluso con influencers, y casi nadie habla de lo peligroso que es.


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